No es país para viejos, versus Johnny Thunders

Me gusta pensar que he desarrollado un olfato canino hacia la farsa literaria y eso es lo que he sentido leyendo la última novela de Carlos Zanón (que aún no he terminado) justo después de terminar otra obra maestra “No es país para viejos” de uno de los mejores escritores del siglo, Cormac McCarthy.

Ya había leído La Carretera y En la frontera, pero tenía pendiente ésta y puedo decir que este hombre es un genio. Un autor mayúsculo.

Diré que la novela es como un viaje a la frontera, violenta y poética al mismo tiempo y narra las historias entrelazadas de los tres personajes centrales (Llewelyn Moss, el ultra violento Chigurh y el sheriff  Bell) después del descubrimiento de un asunto de drogas en el condado de Terrel, Texas.

La novela narra la huída de los delincuentes  y su persecución por parte de la policía, pero su originalidad radica en la altura del estilo de su autor. En la hondura de los diálogos y en la capacidad del escritor de crear una atmósfera claustrofóbica, que nos atrapa y unos personajes originales, llenos de fuerza, que nos acompañan al terminar la novela. Y, entre todos ellos, el más memorable, en mi opinión,  es el Sheriff Bel, un veterano de la II Guerra Mundial, cuyas reflexiones dotan a la narración de un tempo extraordinario:

La gente cree saber lo que quiere, pero generalmente no es así. Yo siempre tuve suerte. Toda mi vida. De lo contrario no estaría aquí. He pasado muchos apuros. Pero el día que la vi salir de Kerr’s Mercantile y cruzar la calle y pasar por delante de mí y yo me llevé la mano al sobrero y ella casi me respondió con una sonrisa, ese fue el día más afortunado de todos.

Sólo ese párrafo merece la pena. Pero es que la novela está repleta de frases así, de una narración inteligente y densa.  De momentos crepusculares, intensos, llenos de poesía. Un festín en medio de un paisaje violento, de un mundo violento, terriblemente cercano, que no puede dejarte indiferente.

Y de ahí mi comparación inicial  con la novela de Zanón, “Yo fui Johnny Thunders” porque en esta última no se escatiman adjetivos, drogas, mambo y rock and roll. Pero donde McCarthy me ofrece verdad, calor y frontera, en Zanón encuentro un escritor que podría ser mejor si dejase de esforzarse en parecerlo. Pero como no he acabado el cuento, no diré más. Sólo que, por cuestiones (y prejuicios) propios, el nombre de Marisol, aún resuena en mi cabeza. Un nombre que es un poco una metáfora de la novela. Un eco discordante. La sensación de que hay algo impostado. Forzado y deliberadamente afectado en ella, que no resulta auténtico.

Así que aquí van 2 libros muy distintos. El primero es un relato para quien quiera sumergirse en una novela que resistirá el paso de los años, el segundo una historia entretenida, pero algo pretenciosa, que pasará con el tiempo

Saludos.

La decisión es vuestra

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s